sábado, 16 de septiembre de 2017

Nuestra indiferencia




Ayer despertamos con la noticia de un nuevo atentado terrorista en Londres. Por suerte, en esta ocasión no ha resultado tan grave como podría haber sido, pero por ello no deja de ser preocupante. Mientras veía las imágenes de la BBC no podía dejar de dar gracias porque todos los míos se encontraran sanos y salvos. Y sin darme cuenta recordé algo que me llamó la atención en mi último viaje a Londres, una situación singular y no atípica que se sucede en las estaciones de tren y metro. He pasado bastante tiempo en la capital inglesa y como todos he vivido los anuncios de retraso del metro por posible bomba, los trenes parados por probable amenaza y los desalojos por alarma de incendio u objetos sospechosos. Todo ello es normal, son cosas con las que se vive cada día en una ciudad como Londres. Y he de confesar que siempre me he sentido segura a pesar de ello, a veces agobiada en los atascos de la hora punta, pero siempre con plena confianza de los cuerpos de seguridad. Te da mucha tranquilidad ver pasear a la policía armada por la estación de Victoria, porque sabes que están ahí para velar por tu seguridad y no dejarán que nada te pase. Recorren los pasillos y vigilan los objetos sospechosos. Tranquilidad, esa es la palabra.

El pasado mes de julio caminaba por el paso subterráneo desde King's Cross hasta St Pancras con mi familia, íbamos a buen ritmo para cambiar de tren. Como siempre, las estaciones estaban llenas, era hora punta, las cuatro de la tarde, la salida de trabajo de un viernes cualquiera. Los pasillos estaban repletos de gente y a veces había que detenerse en la cola para subir las escaleras o cambiar de dirección. Todo muy normal cuando te acostumbras al ritmo de la ciudad. Y de repente mi hermana, que vive allí desde hace catorce años, se detuvo abruptamente entre medio de todo el gentío. Se dio la vuelta y miró hacia atrás. Fijó sus ojos en los tres escalones que acabábamos de salvar. ¿Por qué te paras?, le pregunté, vamos a perder el tren. Y ella solo me hijo: espera, hay una maleta abandonada en los escalones. En ese instante me di cuenta de mi indiferencia. Estoy tan acostumbrada a ir a mi bola cuando paso por Londres, es una gran ciudad donde todos van a lo suyo, donde no muchos se paran, donde vas del trabajo a casa y de casa al trabajo, no te preocupas de quien va a tu lado o si alguien ha olvidado una maleta. Pero en ese instante si me preocupé, después de tantos atentados, de tantas cosas que vemos cada día: bombas en aeropuertos, atropellos en la calle, cubos bomba en el metro... hay tanto por lo que preocuparse que me sorprendió darme cuenta de lo poco que me detengo a observar a los viajero con los que me cruzo en las estaciones. Pero mi hermana sí lo hizo, ella que se preocupa por todo y por todos, podría haberse alejado, podría haber sido realmente una bomba y lo sensato hubiera sido alejarse lo más rápido posible y pedir ayuda, pero ella no actuó así. Nos pidió que esperáramos allí y fue directa hacia la maleta para preguntar por el dueño. Si nadie respondía llamaría a seguridad, si el dueño aparecía volvería a retomar su camino. Afortunadamente el turista propietario de la maleta se acercó a identificarse, estaba en la oficina de turismo pidiendo un plano, lo que me parece una insensatez. En estos tiempos, alejarse de tu equipaje es una temeridad, primero por el pánico que puede causar en un estado de alerta como en el que nos encontramos, y segundo porque no es seguro dejar el equipaje sin vigilancia. En cualquier caso mi reflexión es esta: pasaron cientos de personas junto a esa maleta en aquel momento, no una, ni dos, ni veinte, cientos, y sólo una persona se detuvo y se preguntó que pasaba allí, y esa fue mi hermana. Nuestra indiferencia ante lo que sucede a nuestro alrededor nos hacen vulnerables. Y quizás eso mismo fue lo que pasó ayer. Alguien dejó allí una bolsa y nadie se detuvo a preguntar por el dueño. Eso mismo puede suceder en cualquier tren o autobús. No nos preguntamos por lo que está pasando a nuestro alrededor, sólo vamos al trabajo leyendo un libro en el metro, o contestando emails en el móvil, mientras que alguien se baja del vagón y deja allí la amenaza. Este tipo de cosas no suceden en una pequeña ciudad donde todos se conocen o donde los trenes no van tan llenos, si un pasajero se baja entonces sin su equipaje, se nota, pero en una gran ciudad todo es distinto. 

Mi reflexión de hoy es que no podemos cambiar la mente de los terroristas, no podemos evitar que nos ataquen y no podemos adivinar cuándo sucederá, pero quizás este es el momento de tomarnos un momento para mirar a nuestro lado y observar lo que sucede en el vagón que nos lleva al trabajo, no con desconfianza, pero sí dejando a un lado la indiferencia, no hay que volverse racista o miedoso, pero si precavido ante una alerta máxima por terrorismo.




Sarah

viernes, 15 de septiembre de 2017

Cuando Kristen Stewart muta a Personal Shopper




CALIFICACIÓN PERSONAL: 🔹 (Sobre 🔹🔹🔹🔹🔹)


(Contiene spoilers)


Hace tiempo me prometí a mí misma que no caería de nuevo en el error de ver ninguna película nueva de Kristen Stewart, pero entonces no pude negarme a mí misma Café Society, y su buen sabor de boca durante todo la cinta, y en especial el final, me hizo plantearme el darle otra oportunidad a esta actriz que no termina de convencerme en sus papeles. La oportunidad llegó cuando vi este cartel, me llamó la atención, entonces leí que la película tenía el premio al mejor director en el festival de Cannes, así pues me pudo la curiosidad y de nuevo le di un voto de confianza a esta actriz que siempre me ha parecido plana e inexpresiva.

He de confesar que no ojeé la sinopsis ni vi el trailer antes de aventurarme en la historia, me atreví a verla sin ideas preconcebidas. Conociendo el título me sorprendió encontrarme con unos primeros minutos de silencio, con una Kristen  silenciosa, paseándose por una casa. Y me llama mucho la atención que ubiquen a un rostro como Stewart en unas escenas tan difíciles. Los silencios son una parte compleja de la actuación, el profesional debe saber decirlo todo sin decir nada, debe ser capaz de llenar la escena con una mirada, con una mueca, con un gesto, con el movimiento de unas manos o con el cuerpo. Todo vale para poder contar lo que está pasando y lo que el personaje siente sin hacer uso de un diálogo. Sólo es mi opinión pero para mi gusto Stewart no es la más indicada para las escenas de este tipo. Su rostro no me dice nada, no me transmite absolutamente nada. Su rostro sólo tiene dos posiciones: sonrisa y no sonrisa. Eso es todo. No hay más. La cara de esta actriz es prácticamente plana, no tiene un registro completo, no sabe expresar miedo con los ojos, ni amor con una sonrisa, ni tiene un tic al estilo Clooney o Roberts. Es una actriz de diálogos, pero no de silencios, no de expresiones, no sabe decirlo todo sin decir nada, no como pueden hacerlo otras grandes como Dakota Fanning o Jennifer Lawrence.

El argumento me parece original: una chica que espera una señal de su hermano muerto desde la otra vida. Y mientras espera esa señal trabaja como personal shopper para mantenerse en París. Como le sucede a la mayoría de los trabajadores, la protagonista odia su trabajo y a su jefa. Básicamente este es el argumento principal. Aunque sigo sin entender la relación entre el título y la obra. No sé, con este título una espera algo distinto, algo más parecido a lo que es la vida de una personal shopper, no se imagina la aparición de espíritus y médiums que intentan contactar con el otro mundo.

Las casi dos horas de película se me han hecho larguísimas. La actuación de Stewart no me convence. Su imagen no coincide con la de una personal shopper, es desaliñada y absolutamente plana, así pues me llama mucho la atención la forma en la que ha llegado a conseguir un trabajo de esas características alguien que está tan lejos de las directrices de una profesión medida con la vara de la estética. Pero esa curiosidad no está resuelta en la historia. No hay profundidad en el trabajo de personal shopper, sólo hay una marcada definición de la espera. Sólo espera. En fin, su papel no me parece creíble, ni siquiera cuando toca los vestidos con desinterés en las tiendas, ni siquiera eso me cuadra en su actuación. Y cuando una protagonista, que lleva el peso de cada escena, no convence, la cinta tampoco lo hace.

Una película que no me dice nada. que me deja indiferente. Una actriz desapegada de su personaje, unos tiempos demasiado lentos, y una cámara estática que a penas se mueve ni juega. Planos largos, sin enfocar detalles, sin buscar significado, en definitiva, sin expresión. Imágenes normales, personajes pobres, y sobre todo, muchos silencios muy vacíos que Kristen no es capaz de llenar. No es una película que recomendaría, pero puede que un entendido en la materia sepa encontrar entre todo esto, ese algo especial que le ha valido un premio al director.

lunes, 20 de febrero de 2017

Los Chicos del Calendario 3


La semana que viene llega a las librerías la nueva entrega de Los Chicos del Calendario de la escritora Candela Ríos. En este tercer libro aparecerán los nuevos tres hombres de la historia: Mayo, Junio y Julio.

Javier es el mes de mayo. Un veterinario de Madrid que se ha presentado él mismo como candidato. Su objetivo es recaudar dinero para los animales maltratados.

El mes de junio es Alberto, un obrero de Segovia que está reformando un geriátrico. Han sido los abuelos quienes lo han presentado como candidato.

Palma de Mallorca es el destino del mes de Julio, Allí la protagonista conocerá a John, un contable y loco por el surf.

Estos tres hombres entrarán en la vida de Candela mientras ella se debate entre el amor de Víctor y lo que siente por Salvador.

Detrás de la serie de libros de Los Chicos del Calendario hay doce historias, doce chicos que intentan convencer a Candela de que todavía hay hombres que merecen la pena. Después del famoso y vergonzoso Instabye, Candela Ríos se convierte en un divertido proyecto para la revista en la que trabaja: su único cometido es buscar hombres y hablar de ellos en sus vídeos y artículos. 

Empecé a leer Los Chicos del Calendario porque me parecía una idea fresca y divertida. Me llamó la atención la historia y me pareció una forma original de desarrollarla. La editorial Titania ha hecho un gran trabajo en la promoción y marketing de los libros, siempre con ideas frescas y una Candela que pretende hacer más real la historia. De hecho hay un blog para Los Chicos del Calendario, y podéis ver los vídeos que Candela cuelga en Youtube. La experiencia con estos libros es real.

Se trata de una lectura ágil y amena, con golpes de humor bastante simpáticos y sí, engancha mucho. Estoy deseando saber qué pasa con mayo, junio, julio y, por supuesto, con el problemático enero.

El libro sale el próximo día 27 de febrero. Feliz lectura.

Si eres lectora de Los chicos del Calendario, me encantaría que compartieras conmigo tu opinión.

Sarah